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2018 – Revive All – Espanol
No dolor, No promesa

El cielo estaba nublado y yo podía oír el ruido de truenos en la distancia. Yo acababa de completar 4.5 millas en mi aplicación de ejercicios, pero todo en mí quería dar la vuelta y meterme. (¡¿Por qué estoy de acuerdo nuevamente con este entrenamiento 10K?!) Yo sabía que lo lamentaría (¡mi cuerpo después pagaría el precio!) si no cubría la meta del día, como quiera, salí a hacerlo. Resulta que el trueno no era tan distante después de todo, porque cinco minutos después de haber empezado a correr, empezó a llover. Yo tenía toda la razón para dar la vuelta y volver a casa y nadie me lo hubiera reclamado. Sin embargo, sentí una pequeña llamada a mi atención por parte del Espíritu Santo, que me invitaba a terminar lo que había empezado, porque Él, tenía algo que Él me quería enseñar a lo largo del camino. Así que seguí corriendo.

Pasados como cinco minutos más, realmente me encontré disfrutando de la lluvia. Se convirtió en una fuente de frescura para enfriar mi cuerpo conforme yo ejercitaba mi energía. Lo que originalmente consideré frustrante, realmente se había convertido en una bendición, y antes de que yo lo supiera, ¡la lluvia cesó y un arcoíris apareció! En ese momento, sentí como que el Señor había, literalmente, pintado un arcoíris en el cielo, sólo para mí, como un recordatorio de la recompensa de la fidelidad y la perseverancia -no sólo en correr, sino en la vida. Ese arcoíris era sólo el impulso que yo necesitaba para terminar el resto de mis millas.

Después de la tercera milla, mi tobillo derecho comenzó a palpitar. Nuevamente, tuve la idea de rendirme y sabía que nadie me culparía. Cuando escuché que la alerta de mi aplicación me estaba diciendo que sólo me faltaba 1.5 millas, mi deseo de terminar repentinamente superó el dolor para rendirme. Así que seguí corriendo. Me concentré en el arcoíris en lugar del dolor, y antes que yo supiera, escuché “¡Felicitaciones! Acabas de completar tu meta de 4.5 millas…” No puedo explicar lo aliviada y satisfecha que me sentí en ese momento; no sólo físicamente, sino también espiritualmente.

En la vida, no podemos esperar un arcoíris sin una lluvia, y en nuestro camino de fe con Dios, no podemos esperar alcanzar la plenitud de Sus promesas, sin tener algún dolor. En el corazón de Dios, NUNCA está el hacernos daño, sino hacernos CRECER – ¡para REVIVIR cada parte de nuestro cuerpo, alma y espíritu, para SU gloria! ¡Nuestro dolor es para dirigirnos a Cristo y nos recuerda las promesas que ÉL pagó con SU vida! ÉL es nuestra recompensa, y nunca jamás lamentaremos haber terminado lo que empezamos con Él.

Así que, permite que la lluvia te refresque en lugar de desalentarte. Regocíjate con los arcoíris y recuerda sus promesas. Siente el dolor y, de todos modos, continúa corriendo tu carrera. Porque antes que tu lo sepas, escucharás, ¡felicitaciones! Bien hecho, mi buen y fiel siervo…”

Toma un momento para pedir al Espíritu Santo que busque en tu corazón las áreas de dolor que han causado que desees dejar de creer ciertas promesas de Dios. En tanto que Él revela esas áreas, has la elección de convertir ese dolor en alabanza, y verbalmente empieza a hablar verdades acerca de la bondad de Dios y de Su fidelidad para contigo a lo largo de tu vida.

¡Has esto cantando tu canción favorita de adoración a Él, y mira cómo la atmosfera de tu espíritu cambia de desaliento a frescura!

Aparta hoy veinte minutos para dar un paseo (¡o para correr!) ya sea a solas, con un amigo, ¡o como familia! ¡Deja el teléfono y música/audífonos en casa y disfruta de un tiempo de calidad con el Señor y/o tu amigo o familiar, dejando entrar a ti la naturaleza a tu alrededor! Y, si está lloviendo, considera ir de todos modos… ¡es posible que atrapes un arcoíris!

Versículos clave (NIV): Filipenses 1:6, Santiago 1:2-4, 12, Génesis 50:20

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